A empezar de nuevo y con todo

¿Les cuento una historia? Había una vez una escuela en el barrio Empalme Graneros llamada “San Luis Gonzaga”. Tenía un patio con una enredadera con campanitas de color rosado y un árbol que cobijaba con sus hojas a los chicos cuando jugaban en el recreo. La escuela tenía siempre la cara alegre, porque estaba adornada con colores, dibujos y carteles y porque disfrutaba cuidando entre sus paredes a estudiantes inquietos y curiosos.

A los chicos les gustaba ir a la escuela. ¿Saben por qué?. Porque aprendían jugando, realizaban experiencias en el laboratorio, hacían obras de teatro, inventaban y creaban con las computadoras, bailaban folclore, participaban de clases de viola, violonchelo, coro y contrabajo, proponían ideas con el consejo escolar de niños y salían a recorrer y descubrir los rincones de la ciudad…

Pero no sólo aprendían a sumar y restar, a leer y a escribir, también aprendían a ser solidarios, a cuidar la naturaleza, a ser responsables y respetuosos de los demás, a construir la paz y a hacer el bien. En esa escuela, era importante construir entre todos los conocimientos, para poder resolver problemas de la vida cotidiana.

Chicos y grandes trabajaban juntos y compartían la hermosa experiencia de
crecer… Esa escuela es de ustedes, les pertenece… Aprovéchenla, disfruten de
este tiempo que es la infancia y del cariño que todos los grandes les tenemos…

Educar implica “dar lugar”, “reconocer”, compartir saberes, alojar a las nuevas generaciones… La escucha y la mirada atenta, poco a poco nos llevan a construir un “nosotros”. Para nosotros, los maestros, es una gran satisfacción ver los progresos de cada uno de los chicos, logrando un espacio para que todos puedan aprender, convivir y estar juntos.

Más allá de los conocimientos, ser maestro es contribuir a que los estudiantes puedan ir construyendo proyectos de vida. No hay mayor satisfacción para nosotros que volver a encontrarlos, ya grandes y maduros, y comprobar que son buenas personas…

Educar hoy implica “nadar contra la corriente”, ya que los valores que sostenemos en la escuela (diálogo, cooperación, pacifismo, solidaridad…) muchas veces se contraponen al egoísmo, el individualismo y la competencia que muestra la sociedad… Por eso, la enseñanza requiere de valentía, paciencia, perseverancia, amorosidad, tolerancia y una dosis muy alta de vocación ante los nuevos desafíos.
Sigamos ayudándonos y compartiendo juntos: familia, escuela y comunidad, para cortejar la vida, creer en utopías, tener siempre esperanza, gestar una escuela vital, participativa, que ayuda a pensar y a construir el porvenir…

¡Feliz comienzo de clases!

Mensaje de Florencia en el año 2020, más actual que nunca.

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