Don Evaristo Torres (Reconstruyendo un siglo de historia familiar)

Alejandra Gómez, doctora de la Vecinal y de nuestro barrio, reconstruye orgullosa la historia familiar de la mano de su abuelo Don Evaristo Torres que acaba de cumplir 100 años. Un abuelo nacido en la humildad extrema y una nieta que pudo llegar a abrazar un título universitario. Ella junto al hijo de crianza de Evaristo, Gabriel Godoy, -quien lo cuida- lo mira con tanto respeto y cariño. Así vamos desmenuzando una siglo de vida, casi imposible recordar tanto. Don Evaristo hoy es un hombre agradable, con frescura y no pierde la sonrisa pícara. Ocupa un lugar de respeto, porque se lo ha ganado.

Alejandra lo guía en fechas y anécdotas que tanto ha escuchado y que tanta falta nos hace atesorar en los recuerdos más preciados de nuestros seres queridos. Orgullosa de sus orígenes, porque fueron ellos quienes le forjaron el carácter y la perseverancia, fueron muchos de esos ejemplos que han formado su personalidad. Don Evaristo Torres nació en el año 1918 en Banderas, Santiago del Estero; luego va al Chaco, se dedica al trabajo de obraje y cría de animales, nos cuenta – nos daban moneda que eran cartoncitos, no había comida, ni plata, dejé todo. Junto con su compañera de toda la vida, Isabel Barrionuevo, con parte de la prole -ya que tiene 11 hijos y no se acuerda bien cuantos nietos y bisnietos- en el año 1960 llega a Empalme Graneros, hoy calle Juan B, Justo entre Barra y Garzón.

Era todo campo en esa zona. “Primero dormíamos a la intemperie, luego levanté pared y techo con chapa de cartón, ni hablar de luz, ni agua. Como no teníamos luz, comprábamos kerosene y hacíamos con la misma botella un candil. Luego comenzaron los loteos y a llegar nuevas familias” nos cuenta Evaristo. A los dos años de estar en Empalme Graneros sufrió la gran inundación del año 1962 y todas las que vinieron después. Cada vez a empezar de nuevo. Como hombre de fe profunda funda su primera iglesia La Nueva Fe en calle Barra al fondo, convirtiéndose en el pastor para todos. El barrio comenzó a poblarse y a no sentirse tan solo, se armaban las mesas largas para comer y compartir. Luego funda otra iglesia, que aún funciona en el barrio de Gabín 9. No había médicos, donde había un enfermo, allí íbamos a orar y a acompañar tanta angustia. Siempre tratando de estar donde había un problema, y ni hablar donde había peleas, siempre tratando de conciliar. Hace diez años se le incendió la casa, perdió todo; “el barrio nos ayudó tanto y pudimos reconstruir nuestra casa” asegura Evaristo.

“Siempre hice ayunos. Dios nos manda con una misión a cada uno. Dios siempre me habla y me ha guiado, siempre me ha ayudado, nos da fuerza y una utilidad para la que hemos venido a este mundo”. En el final del encuentro con Don Evaristo nos deja un mensaje: “A los que comienzan algo les diría que se esfuercen, que trabajen, sin hacer daño ni perjuicio, ayudar, sin maldad a nadie”. Despedida, todo un señor: “Me voy muy contento y emocionado, un gusto haber compartido con todos ustedes en la vecinal de Empalme Graneros; y nos cuenta que aún le dura la emoción de la fiesta que la familia y vecinos le hicieron por sus 100 años. Evaristo nos deja paz, nos deja una brisa de aire fresco, nos renueva en las ganas de seguir, seguir con todos los avatares de la vida misma. La pucha! cien años y ningún rencor, simplemente, agradecido a la vida misma.

¡Gracias Don Evaristo!

Fotografías Roxana Depascua Corresponsal MFR

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