Irma, 100 años de historia…

Nos dimos un gran privilegio, encontrarnos con Irma quien cumplió sus hermosos cien años de vida. En una charla nos lleva de la mano a recrear parte de su historia dejándonos postales de un Empalme de otra época.

Doña Irma Hernandez viuda de Fuzi, nació en Empalme Graneros, hace nada menos que cien años! Un Empalme Graneros, sin luz, sin agua, tropilla de vacas que levantaban polvareda, jardines con flores, el Ludueña siempre inundando, grandes zanjones, huellas en los caminos, carros a caballo, pero su gente lo hacia hermoso. Luego de poder concertar una entrevista, ya que Irma es escurridiza e inquieta como lo fue en su niñez y adolescencia, por lo visto no para de hacer cosas. Con su sencillez y frescura comenzó una charla muy atrapante….

¿Como llegan sus padres a Empalme Graneros?
Irma – Mi papá, Juan Hernández, cuando vino de España, escapando de la guerra, era un joven de 20 años. Casi nunca habló de su vida; solo pude saber que sus padres tenían viñedos en España. El trabajaba en el puerto y recuerdo que siempre me decía “Niña”, nunca me dijo mi nombre.

¿Y qué recuerdos tiene de su mamá?
Irma – Mi mamá, María González Torres, allá en Asturias trabajaba cargando los carros de las minas de carbón, huérfana de madre, también era de poco hablar. Ellos se conocieron aquí en Argentina y se casaron, antes de nacer yo, mi hermano tenía tos convulsa y le recomendaron ir a vivir al campo y Don Nicolás Mateo le comentó de Empalme Graneros, porr aquel entonces pleno campo, lo que estaban necesitando.

¿Dónde se instalaron al llegar a Empalme?
Irma – Primero vivimos en calle Almafuerte, enfrente de lo que luego sería la Panadería La Caditana; luego vivimos en la cortada H, donde nací yo, después nos fuimos a vivir a calle Olivé al otro lado del Arroyo, donde mi papá tenía chanchería, “La chanchería de Don Zamora” (le decían así por ser nacido en Zamora). Siempre un laburante, buen vecino y respetuoso .Es ahí que iba a la escuela La Buena Viña, pizarra y tiza y con el sistema la nanoxia, sílabas, con esas sílabas formábamos las palabras. Aprendí a leer y ya con seis años le leía a mi madre; me encantaba ir porque jugábamos a la rueda y me divertía mucho. Cuando sentía venir las tropillas de vacas, levantando polvo, cientos de vacas que llevaban al matadero, corría a mi casa, me daba mucho miedo.

¿Y cómo siguió la historia de la familia en el barrio?
Irma – Luego de ahí nos fuimos a vivir a la casa de Don Nicolás Mateo, hasta que pudimos comprar la casa de la familia Folch, esquina que luego por muchísimos años fue la tienda Iguazú. Viviendo ahí, mi padre Don Zamora, tenía carro y repartía ladrillos, lugar donde funcionó y se funda el primer sindicato de ladrilleros de Rosario. Siendo una niña de 9 años, (1926), estaba siempre en las reuniones acaloradas, pero nunca me olvido, iban y venían a la Av. Alberdi a leer la información en las pizarras que allí ponían del Diario La Capital y La Nación, para informarse de las novedades, no había ni radio, hasta el día que alguien trajo la noticia que habían matado a Nicolás Sacco y Bartolomeo Vanzetti, dos anarquistas sindicalistas italianos, ejecutados por electrocución. Todos los muchachos salieron en protesta por las calles, hubo una huelga por dos días. También recuerdo que cuando estaba por venir tormenta mi padre salía al patio y decía, si refucila en el horno de Don Dwragota, lluvia segura. No teníamos reloj, pero el siempre sabía la hora.

¿Y cómo recuerda a los vecinos de aquellos años?
Irma – En el barrio la gente era hermosa, servicial. Cuando nació Azucena, (hija de Don Pérez, el diariero), me encantaba ir a verla, porque siempre me gustaron los bebés. Yo tenía diez años más o menos. Mi madre me mandaba a comprar flores delJardín de Don Tomás, me parece ver las flores tan hermosas, pajaritos (así se llamaban), alelíes y margaritas. Ir al cementerio y llevar flores era todo un ritual. El barrio era hermoso por su gente. Los domingos mi padre me daba 10 centavos, comprábamos masitas surtidas y maníes, nos íbamos tempranito con dos amigas hacia la Av. Alberdi, hasta puente Arroyito y volvíamos, no había nada de nada, me pregunto a que íbamos, pero era todo un paseo, ni siquiera estaba la Iglesia Perpetuo Socorro, que se construyó años más tarde.

¿Y la escuela? ¿Cómo era en ese tiempo?
Irma – Fui a la escuela Guadalupe, me hacían rezar todo el tiempo, así que duré poco, me fui luego a la escuela Técnica de Señoritas, en calle 49, hoy calle Víctor Cué, hoy es la escuela Técnica Nº 660; estudiábamos el repujado en cuero, bordado, corte y confección, lencería. Era muy bueno, cuando hacíamos algún trabajo para algún vecino, nos dejaba algunas monedas. Yo era charlatana, los profesores me retaban y yo les decía “y que quiere si me hablan tengo que responder”. Los profesores eran una maravilla. Como las quise a todas mis maestras. Cuando ya estaba en segundo año me fui a trabajar en casas de familia hasta los 27 años, fui muy respetada y trabajaba siempre a gusto, traía dinero a casa, y así construimos la casa en donde vivimos toda mi familia en calle Juan José Paso al 2400. Ahora se vive como reyes. Nunca pasé hambre. Teníamos el almacén de Garabaya (hoy gimnasio Tao). Nos daba fiado y mi padre apenas cobraba me mandaba a saldar la cuenta y nos daban una bolsa de caramelos, uhh que delicia.

¿Y qué familias eran sus vecinos cercanos?
Irma – Estaban la familia Gago, todos artistas, pero muy buenos, escuchábamos sus obras de teatro por la radio. Ottone era amigo de mi marido, que vecino más bueno; recuerdo un aniversario de la vecinal y haber participado en ella entregando flores a los médicos. Recuerdo a Andrés Pfleutty, alemán, delgado, también lo conocí, fue el primer presidente de la vecinal. También recuerdo al Padre Agustín, no era de ir a la iglesia, pero siempre lo respeté mucho.

¿Su casa fue una de las primeras que tuvo línea telefónica?
Irma – Con mi teléfono hubo tres casamientos, tres chicas con novios que vivían lejos y yo llevaba y traía la información correspondiente, las tres se casaron y sé que fueron felices. Parientes que avisaban fallecimientos, Iba a buscar a todos los vecinos para que atendieran, llamar a un médico, avisar la llegada de alguien por viajar.

Y llegó también la hora de casarse…
Irma – Me casé ya grande, tenía 27 años, ya me decían la solterona. No quería saber nada con casarme, era muy independiente, yo era libre como el viento. Ahora a mi marido le dije, “mirá que yo no voy a firmar señora de . . .” y le puse los puntos. Nos casamos un lunes, me fui a casar y no le dije a nadie. Tenía una pollera del luto de mi mamá y me fui en el 60, el chofer me dijo, “a donde se va tan buena moza”?, – “a casarme” le dije y el colectivero me exclamó ¿¿ que ??. Cuando llegué al registro civil, me agarró un miedo y dije “qué hago”, pero no podía plantar al que fue mi marido y me dio tres hermosos hijos.

Imagino que también ha visto momentos difíciles en la barrio o en la ciudad . . .
Irma – Tal cual, en el rosariazo, lloré por ver la estación de trenes quemándose. Vi llevarse a un delegado en la época de los militares, yo gritaba y me dijeron “cállese que la vamos a llevar a ud también”. Inundaciones pasé tantas, las del 40, 46, 60, 62, 64 y tantas más, hasta la última del 86. Perdimos siempre todo y a volver a empezar. Perdimos fotos, cartas, y tantas cosas más. El transporte, el primero la H que llegaba hasta la vía, después la U que entró hasta el barrio, yo tendría unos 13 años, después el 217 y el 60.

¿Y cuándo llegó el primer televisor a su casa?
Irma – Mi primer televisor, me lo gané en una rifa del club Libertad, con el Nº 622, doña Bellini me vendió la rifa, año 64, guardé el número en un cajón, despelotada que soy, cuando me avisaron, no me acordaba donde había guardado la rifa. En club Libertad estaba Don Ortolani Al cine iba al Roca, veíamos El enmascarado solitario, Rin Tin Tin, todo a puro cowboy, mis hermanos me llevaban, rezongando. Era tan hermoso, bolitas y billarda

¿Qué les diría a los chicos de hoy?
Irma – Que aprendan a tratar de ser más hermanos, que no nos una la ambición, sino amor al barrio y a la familia. Los valores, hoy se perdieron.

¿Cómo era la relación con tus amigas..?
Irma – Tenía una barra hermosa y yo era media capitana, me consultaban todo, en lo general eran pavadas y yo les decía no me consulten. Nos ayudábamos entre nosotros. Éramos un grupo muy unidas, les preocupaba que yo no me casaba. Me encantaba estar en mi casa, siempre me sentí querida, hablaba con todo el mundo, mi mamá me decía porque tardaba tanto cuando me mandaba a hacer los mandados. Irma es una gran conciliadora, Geminiana con carácter. Rebelde. Siempre se pregunta quien la protege, porque “siempre me pasan cosas y alguien me cuida. Cuando el tren me rozó mi pollera, otra vez me caí del colectivo, -cuando tarde espero el colectivo siempre aparece alguien que me cuida y nunca se quienes son. Soy una afortunada. Siempre hay alguien que me da una mano.

Irma, ¿fuiste feliz?
Irma – Fui feliz porque me gustaba jugar, en la adolescencia tenía todas mis amigas, nada me esclavizaba, yo fui rebelde, disfruté de cada instante y lo sigo haciendo. Pensar que una vez tirada panza abajo, sobre el pasto, me puse a escribir la historia de mi vida, escribí tres carillas, desde los cinco años que tuve sarampión, cuando le robé el chorizo crudo a mi papá y me lo comí, cuando empecé la escuela y después dije a quien le va a importar la historia de mi vida y rompí todas las hojas y las tiré. ¿Quien iba a pensar que noventa años después mi historia iba a interesar?

Hoy Irma a todos los vecinos que se sienten abatidos por la violencia, por la falta de diálogo, a los que necesitan tener una pizca de esperanza, de entusiasmo, de alegría, Hoy Irma a todos los jóvenes y adultos que abrazan ideales y se sienten cansados, a tus hijos, nietos, bisnietos, a tus vecinos…. a todos ellos les interesa la historia de tu vida. Porque necesitamos un poco de tu aire fresco de barrio, del agua fresca de tu aljibe y la cálida luz de tu fogón a leña, por todo ello . . .

¡Gracias Irma!

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