Patios de paz, una respuesta de la escuela a la violencia social

La primaria 1.319 de Empalme Graneros desarrolla un proyecto con eje en el recreo y los derechos de las infancias.

Empalme Graneros, como otros barrios populares de Rosario, enfrenta un presente de violencia que impacta en el cotidiano de sus habitantes. Las infancias no son la excepción y las escuelas, pese al temor, se preparan para dar respuestas alternativas que protejan los derechos de sus estudiantes. Este es el desafío que por estos días enfrenta la Escuela Primaria Nº 1.319 José Ortolani, que ante la escalada de violencia social responde con la construcción de patios de paz.

“La escuela no tiene puer tas impermeables”, dicen los docentes de la primaria de Génova y Cullen. Una institución educativa del noroeste rosarino que el pasado 30 de marzo debió suspender sus clases después de que se encontrara una nota con contenido intimidatorio y una munición pegada al papel. La violencia toma forma en el día a día y quienes la ejercen utilizan a la escuela para dejar mensajes a miembros de bandas delictivas. Quienes forman parte de la institución no están dispuestos a cumplir con este rol, por eso responden como saben hacerlo: a través de iniciativas pedagógicas. El proyecto al que apuestan por estos días docentes y estudiantes se llama “Patios de paz”, donde el recreo construye un espacio distinto frente a una violencia que pareciera no tener fin. “Un patio de paz para dar respuestas de paz”, anuncia la institución a través de sus redes sociales.

En la puerta de la escuela vigila una guardia policial, como en la mayoría de las calles del barrio donde las fuerzas de seguridad marcan presencia. En contraposición a ese escenario marcial, el ingreso a la primaria parece abrir la puerta a otra dimensión. El primer patio da la bienvenida a los visitantes y desde un primer momento puede percibirse una multiplicidad de espacios lúdicos preparados por los docentes y apropiados por los estudiantes.

Una poesía para empezar

“La escuela no escapa a la violencia, es permeable a lo que está ocurriendo afuera. ¿Qué hacemos nosotros? Buscamos instancias de paz a través del juego y la lectura. En la entrada, cuando empieza la jornada, leemos una poesía o un cuento que sea positivo y nos acompañe durante todo el día”, cuenta a La Capital Gustavo Aviani, vicedirector de la Ortolani. La directora Laura Castro también suma su palabra y dice que “patios de paz” son una iniciativa que actualmente está en construcción por parte del equipo docente y que incluye espacios de deporte, talleres de origami, la incorporación de juegos de mesa a escala humana y espacios de lectura. “El objetivo de patios de paz es incentivar el deporte y el juego como medio para bajar los niveles de violencia que a veces traen los niños desde su cotidiano y poder tener recreos mas tranquilos”, explica.

En cada recreo se ofrecen alternativas de esparcimiento que resultan atractivas para chicos y chicas. En los dos patios de la escuela se despliegan como pequeñas islas con distintas propuestas donde todos participan. La soga está siempre en movimiento y es apta para adultos, un grupo se dedica al fútbol, otro al vóley, algunos hacen fila para tirar al aro de básquet. Mas atrás, un árbol del que cuelgan varias hamacas congrega a otro grupo, junto a los canteros florecidos que también son espacio de atracción para los chicos. “Mi lugar preferido es el de las plantas”, afirma una nena.

Los docentes trabajan a diario en nuevas propuestas. Una de ellas es el espacio de lectura que se montará en una de las galerías. Allí reservaron un lugar donde se desplegarán hamacas paraguayas en las que los chicos podrán acurrucarse para disfrutar de una lectura en tranquilidad. El carromato es otra de las ideas en la que también están trabajando. Se trata de una infraestructura con luces y música que podrá trasladarse de un patio a otro, y cobijará a los más chicos en el aprendizaje de la lectoescritura, que es uno de los fundamentos de la escuela primaria. Para la materialización de estas ideas convocan a la comunidad a brindar colaboración, por ejemplo, con la donación de hamacas paraguayas para completar el sector de lectura. Como fundamento de estas iniciativas, Castro habla de la trascendencia de que niños y niñas del barrio puedan comprender e integrar las reglas dentro de un juego y un deporte, y sostiene que frente a la realidad social que se impone es clave que la escuela pueda ofrecer alternativas a través de la recreación. “Con esos pocos minutos que tienen de recreo, la escuela trata de iniciarlos en el deporte, el juego y la lectura”, indica, y agrega: “Esta es nuestra respuesta a lo que está atravesando Empalme, que esta siendo muy castigado por violencias externas. La escuela no es ajena a lo que atraviesan los niños en su día a día, por eso buscamos brindarles alternativas para responder a las emociones que los chicos traen”.

En este marco social que corroe los derechos de niños, niñas y adolescentes, la escuela es mucho más que un espacio de aprendizaje. Se presenta también como referente de otra realidad posible, y como sitio de contención y libertad para quienes la habitan. Además de la jornada extendida correspondiente al Plan 25, la primaria José Ortolani ofrece a contraturno la propuesta de jornada ampliada para los estudiantes de 4º, 5º y 6º grado. Aquí participan docentes de grado y especialidades, y se ofrece a los estudiantes talleres de plástica, tecnología, teatro, danza y música.

La vida y la muerte

“Yo nací en Empalme Graneros, estudié en este barrio y volví a trabajar acá, donde hice militancia social, que es la que me gusta. Ahora rompieron un búnker, recuerdo que eso mismo sucedió en el 2010 y ahí, en el lugar mas violento, donde había olor a muerte, nosotros proyectamos armar un club acá al lado. No es fácil sostenerlo, pero hoy la escuela es la que va adelante llevando la bandera de la educación y de la paz”, relata Gustavo Aviani, para destacar el verdadero rol asume la institución educativa en la comunidad. Aviani dice que éste es un lugar de pertenencia de los chicos. Y no es casual, si se contempla que la escuela tiene como fundamento base de su proyecto institucional los derechos de los niños y las niñas. “Desde ahí partimos —dice el vicedirector— y también lo hacemos desde la ley 26.061, que es la ley de protección de la niñez, desde donde construimos educación”.

Los docentes afirman que ese es el norte que los impulsa a seguir. Por eso el proyecto se reformula día a día con el compromiso de los educadores y desde la mirada y necesidades de los estudiantes. “Hay historias tristes dentro de la comunidad educativa —dice Cintia Pérez— que escuchamos a diario. Pero nosotros trabajamos para mostrarles que hay otra vida posible y que no todos tienen que terminar de la misma manera”.

El docente explica que el proyecto de “Patios de paz” no es nuevo. Había nacido en el 2008 con la intención de promover la educación física y el aprendizaje de deportes en los recreos. Pero en estos días en que los chicos y chicas perdieron el espacio público frente al avance de la violencia, el proyecto se resignifica y toma otra dimensión.

“En los barrios populares las infancias y adolescencias están en emergencia, porque no hay oportunidades, no hay acceso a deportes. Nosotros acá adentro tenemos otra narrativa frente a la realidad de violencia que se vive afuera. Se trata de ofrecerles oportunidades, de que vean de que es posible salir a través de la educación. Por supuesto que se complica porque vamos a contramano, pero los padres lo comprenden, saben que el único patrimonio que pueden dejarles a sus hijos es la educación. Por eso tenemos una buena asistencia y la matrícula siempre aumenta”, explica la docente Cintia Pérez, también miembro del equipo directivo.

Después de los acontecimientos de fines de marzo, donde la institución fue noticia por un mensaje intimidatorio, el equipo docente salió a decir firmemente que la función de la escuela no es la de dar a conocer mensajes, sino la de responder desde su especificidad, a través de propuestas pedagógicas en favor de sus estudiantes.

“Patios de paz” es una de esas respuestas, en la que el recreo se presenta como escenario principal. Uno de los rincones preciados que ofrece es un cantero con un antiguo sauce, al que los chicos llaman “El árbol de los derechos”. Allí suelen reunirse con sus maestras para charlar sobre los derechos que a ellos y ellas les pertenecen, como a la identidad, a jugar, a aprender a leer y a escribir. De sus ramas cuelgan hamacas señalizadas con alguno de ellos.

por Paula Busnadiego
Fuente Diario La Capital

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