El fin de la Pandemia

Ante un fenómeno global la individualidad es una falacia.

Estamos ya a casi dos años de la aparición del coronavirus y es hora de analizar seriamente esta nueva realidad.
Parece surrealista que una emergencia global como es una PANDEMIA, puesto de manifiesto las miserias y mezquindades de quienes manejan el mundo, cuando éste virus ya se llevó la vida de millones de seres humanos de todas las condiciones sociales económicas, aún no se han reunido para analizar objetiva y resolutivamente ésta emergencia global y tomar las decisiones que puedan terminar con éste flagelo. Ya no podemos tener dudas. El virus está diseminándose y matando.
Gracias al tercio de la población que es anti vacunas, nunca podremos terminar con el virus.

Cuando en tiempo record se logró contar con ésta herramienta imprescindible tenemos esta proporción de la población global que se niega a aplicársela y todos éstos negligentes además de arriesgar su propia vida, continúan prolongando al infinito la cadena de contagios, que cuanto más se transmite más puede mutar para hacerse resistente a nuestro aparato inmunológico y así llegar a que la vacuna actual
sea totalmente inútil, cuestión altamente probable y en poco tiempo más.
Los últimos datos estadísticos de las camas Covid 19 de terapia intensiva un 68 % no estaba vacunado, un 24 % tenía colocada una sola dosis y solo un 8 % de los que tenían colocadas las dos dosis, siendo lo más relevante el porcentaje de mortalidad ya que más del 90 % de los fallecidos pertenecieron a los no vacunados y el 10 % restantes si bien estaban vacunados la mayoría tenia comorbilidades.

Esto nos demuestra claramente que: A) La vacunas, no importa cual, es altísimamente efectiva para frenar los contagios y muchísimo más para evitar las muertes. B) Una muy baja proporción puede no haber dejado inmunidad para una determinada cepa y con seguridad no se han registrado en nuestro país muertes por la vacuna. Habría salido en los titulares de todos los informativos. A propósito de las muertes no puede ni debe pasarnos desapercibido tanta pérdida de seres queridos o conocidos, que por mecanismo de defensa e instinto de supervivencia el cerebro límbico borra automáticamente de la memoria pero en algún momento volverá a aflorar como también tendremos que reparar tanto cambio de hábitos y costumbres.
Estamos en un momento histórico para la especie humana que es una bisagra por tantos cambios y golpes recibidos; si no logramos torcer el brazo de la propuesta
antivacuna tendremos pandemia para años y ya no serán suficientes barbijo, distanciamiento social ni cuarentena.

Como muta el virus deberemos mutar nosotros como especie humana. Tal vez debamos pasar a la virtualidad total reemplazando empleos presenciales por larobótica. Terminarían de morir las expresiones artísticas como las conocemos ahora, como el cine, el teatro, los recitales, conciertos y muchos trabajos artesanales.
Morirían del todo las manifestaciones de amor por miedo al contacto físico y el consiguiente contagio. Los médicos no revisarían más al paciente, un accidentado sería atendido será atendido por un robot que respondería a una grilla o cuadrícula de preguntas con respuestas binarias por sí o no perdiéndose datos valiosísimos por omitir el perfil pisco emocional. Estamos a tiempo para que esto no ocurra si se hace un gran trabajo de información y cooperación internacional con la ayuda de los países ricos y poderosos hacia los países débiles y pobres.

Si todo es tan obvio, ¿por qué no se vacuna a toda la población mundial y lograr así la ansiada inmunidad de rebaño? No se pueden violar las libertades individuales aunque la libertad del que no se quiere vacunar viole claramente mi libertad de no aceptar contagiarme o sea a seguir viviendo.
Cuesta muchísimo entender la posición anti vacuna ya que básicamente es no perjudicarse económicamente y abarca un amplio espectro que va desde los gobiernos de las grandes potencias a los pequeños comerciantes; tan incomprensible como organizaciones de médicos anti vacuna o de las corrientes religiosas (como si Dios quisiera la muerte y el sufrimiento y dolor de la gente) en función del rédito económico mientras se cierran persianas fronteras y aeropuertos. Premian con dinero por vacunarse, en vez de sancionarlos penal y económicamente. Como si los contagiadores no fueran más irresponsables que un conductor
medianamente drogado, ebrio o que excede las velocidades permitidas, y a éstos se los multa y lleva presos. En el mismo sentido le cabría una sanción penal al empleador por no cuidar la vida (y su calidad) si su empleado no acepta vacunarse cuando hace dos años que le mantiene el salario sin trabajar.

Cuesta demasiado entender ya que la única verdad es la realidad que nos dice que si no llegamos al menos al 70 % de la población urgentemente vacunada la pandemia se prolongará a límites con consecuencias inimaginables.
Ojalá todos se iluminen y vacunen para poder volver aunque muy heridos por pérdidas irreparables de tantos afectos a algo similar a ese mundo que conocimos y podamos iniciar el camino de la reconstrucción social e individual (e incluso aprovechar tan lamentable experiencia para mejorarlo) y que será el tema del próximo artículo.

Nuestra Asociación Vecinal Empalme Graneros los convoca a la reconstrucción individual y social.

Muchas gracias.

Dr. Daniel Gurevich
Director del Centro de Médico
de la Vecinal Empalme Graneros
paseo empalme

Sé el primero en comentar

Dejanos un comentario