Historias de vida que sorprenden: Fernando Alfonso

Fernando Alfonso

Hace poquito tiempo hacíamos una nota a una docente, Mariana Segurado, fundadora de una institución que trabaja en nuestro barrio llamada “Nidos”, ubicada en el Empalme profundo, calle Cullen y Sorrento. “Nidos” se convirtió en un espacio que brinda cariño y amor, donde a veces no lo hay. Aquí encontramos a Fernando Alfonso, tiene 36 años, es muy menudito, de lejos parece un pibe y cuando te acercás, descubrís una eternidad en sus ojos y palabras; Fernando es papá de dos chicos hermosos. “Nací en Empalme Graneros en calle Barra al fondo, en un pasillo. Crecí con la violencia, odio y rencor. Fui a la escuela Carlos Pellegrini y recuerdo maestras que quería, pero no me acuerdo el nombre.

Me hacían bullyng porque los demás chicos querían llamar la atención. Los chicos abandonados de cariño llaman la atención burlándose y siendo agresivos. No tenía contención. Antes que yo nazca, mi papá nos abandonó y lo conocí de adolescente, él ya falleció y nunca recibí un “te quiero” o un abrazo de él. Yo ya lo perdoné y por eso me pongo en el lugar de papá de cada joven, en abrazarlo y decirle te quiero. Yo dormía en una cucheta, abajo dormía yo y en la de arriba una tía ejercía la prostitución. Mi adolescencia fue conocer todo tipo de drogas, la compraba o la robaba. No me avergüenzo en decirlo, pude salir y reconocer mi pasado, me libera. Vi inyectarse con agua podrida de la zanja. Vi muerte. Estuve preso por robos a mano armada, violentos.

Mi apodo era Cachilo, que marcó mi pasado. Cachilo era violento, soberbio, delincuente, robaba a la policía. Hoy soy Fernando, Cachilo ya quedó atrás. Por eso puedo entrar en todos lados a conversar con ellos y darle una palabra de esperanza. Una vez estaba preso en la Jefatura y me quise escapar y me llevaron a Coronda, pabellón de máxima seguridad. Llegué a ese lugar, como venía con “chapa” me respetaban. Al poco tiempo, por buena conducta, me fueron cambiando de pabellón. Conocí buenas y malas personas. Hay códigos. Ahora mandan los traficantes y los sicarios. Ahora ocurre eso, antes no era así.. Estuve en la masacre que mataron diez personas, Santafesinos con Rosarinos, entraron a mi celda gritando Cachilo, a este hay que matarlo. Yo estaba en una ranchada, mataron a todos, menos a mí. Los quemaron, degollaron. Me fueron a buscar y ahí me salvó la mano de Dios, me aferré a ÉL, agarré la Biblia y un chico me decía: “Dios tiene un propósito con vos” . . . y yo le decía, “este que me dice”?!. Me acordé de esas palabras, me abracé a la Biblia y dije – “Dios si tenés un propósito conmigo sálvame de esta muerte y si no es así, moriré peleando, si me vas a librar de esta muerte, háblame en la Biblia”. Abro la Biblia y estaba el Salmo 91 y decía el que habita al abrigo del Altísimo morará a la sombra de…. Ahí se te termina todo, entraron y dijeron a este hay que matarlo, en eso entraron dos chicos con dos frazadas, me hicieron invisible, me taparon, me hicieron desparecer dentro de la revuelta, me quedé inmóvil debajo de la frazadas, ahí sentí el abrigo del Altísimo. – “No morirás sino que vivirás y contarás la vida de Dios”. Yo estuve en una comisaría, me llené de sarna con pus, y puedo decir que se vive de manera inhumana en las comisarías y en las cárceles.

Corté con una maldición generacional. porque yo rompí con lo que tendría que haber sido y no fue . . . corté con el mandato familiar de ser una persona violenta, en ser una persona feliz y calma. He aprendido a no mentir. Mis hijos son chiquitos, pero si alguna vez de adultos tuviera que contarles mis verdades, lo haría. Los chicos terminan en las drogas, en muchos casos, por el rechazo que tuvieron en la infancia. Muchos familiares míos fallecieron por el alcoholismo, la drogas.

La transformación

Salgo de la cárcel y chau, me olvidé de toda esta historia de la vida, la muerte y Dios. Salía con chapa (jerga dentro de los chorros), volví a delinquir, pero más organizado e inteligente, ya me juntaba con otro tipo de delincuentes. Gracias a Dios, nunca se me presentó de tener una muerte. Luego conocí a mi mujer, pero tenía una relación donde yo era violento en mis palabras y ofensivo. Aprendí que lo que para mí era normal era violencia de género. Me dolió profundamente cuando ella se separó de mí y ahí me di cuenta que había perdido todo, estaba en un lodo, en un pozo. Hasta que la conocí a Mariana Segurdo, ahí conocí el amor de Dios. No era egoísta y vi del cariño que todos me daban. Es ahí que se me abrieron los ojos de la necesidad de todos, los que estaban como yo. Necesitaba que alguien viera la necesidad que había en ese lugar, pobreza, droga, etc. Ayudar a otros me salvó. Mariana estaba en una iglesia. Una mujer que encontré en la calle me dijo que fuera a una iglesia en barrio Alberdi y no sé por qué un día fui, no me acordaba bien la dirección y caminé bastante, me volvía y vi una luz y la encontré. Entré y me recibió Mariana, desde ahí no paramos de trabajar juntos y comenzó todo. Nadie nos quería acompañar, ni autos y menos un taxi. Empezamos a recorrer, veía alcoholizados, droga y empecé a ser un conciliador, la gente me llamaba por distintos problemas que surgían en el barrio. Cachilo ya estaba muriendo, y volví a nacer, soy Fernando.Y así fui abriendo camino, para que venga Mariana, es un valle de huesos secos que necesitan vivir. Uds. tienen la palabra, el amor, el cariño que necesita esta gente. Me hace muy bien ayudar, a veces estoy al lado de un muchacho que se corta los brazos y estoy al lado esperando para hablarle. Me hace bien poder estar y eso le enseñé a Mariana, y ella me enseñó a mí lo que yo no conocía. Hicimos un equipo.

Les extiendo mi mano y les hablo.

Padres que tienen a los hijos como soldaditos, no les queda otra cosa y como lo revertimos?, quien le ofrece otra cosa? Con Mariana rompimos el miedo. Desde que yo cambié en el año 2012, tuve todo un proceso hasta llegar a hoy, sacrificio, esfuerzo. Te encontrás con personas que te pisan la cabeza, hubo cosas que le hicieron a Fernando y no se la hubiesen hecho a Cachilo. Todo un aprendizaje. Conocimos unos ancianitos de una iglesia, muy humilde y ellos nos abrieron la puerta cuando comenzamos a trabajar. La vida a la gente la cambia dándole una identidad y que ellos dejen de ser invisibles. Conseguimos el lugar que estamos ahora y después logramos comprar una casilla, todo con mucho esfuerzo. Después empecé a ir a las comisarías a orar y predicar. Tengo el don de poder llegar a las personas. En el mes de Agosto viajé a Brasil, conocí un pastor en una estación de servicio, esas casualidades de la vida, ya que mi vida puede ser un mensaje para la transformación de aquellas personas que más lo necesitan. Así que estudié algo de portugués, una experiencia muy enriquecedora. Yo subiendo a un avión, algo que jamás hubiese imaginado. Ahora soy un hombre respetado y querido. Me confían sus casas y dinero. Me explota el corazón de orgullo, de lo que logré. No quiero nada que no me haya ganado.

Mi mamá, Élida vive, mi mamá fue fundamental. Me crio como pudo, no me supo dar el amor que yo hubiese querido, pero siempre me fue a buscar y me retó. Le cuesta entender este cambio mío. Ella siempre pedía por mí. Agradezco a mi mamá Elida, porque ella estuvo, como pudo, pero estuvo. Un mensaje a las madres, confíen y crean que sus hijos pueden cambiar, reviertan esos pensamientos. Corten con los mandatos de la familia. No tengan miedo.

paseo empalme

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