Los vecinos siguen eligiendo la vereda

A través de los años nuestras calles se colman de vecinos adultos, de jóvenes y niños que a pesar de los miedos, la vecindad se sostiene y las veredas cobran vida.

A través de los años, a través de la vida las costumbres perduran, las vivencias se anidan. La violencia creciente no es excusa ni estigma para que los vecinos se junten en la vereda comentando sus vidas, Empalme Graneros, empalme de encuentros, cuando el mate es un símbolo de amistad compartida. A través de los años nuestras calles se colman de vecinos adultos, de jóvenes y niños que a pesar de los miedos, la vecindad se sostiene y las veredas cobran vida. Al dar las seis de la tarde las familias enteras salen a merendar a la sombra, luego al anochecer las familias enteras sacan su mesa y cenan tras la jornada de calor intensa . Las costumbres se atesoran a pesar de los cambios.

Las costumbres perduran más allá de todo. Si nos trasladamos en el tiempo y Los vecinos siguen eligiendo la vereda recordamos nuestra infancia cuando nuestras madres, luego de haber jugado la tarde entera nos bañaban para sentarnos en la vereda, donde era el momento que la abuela se pintaba los labios y poniéndose coqueta se sentaba con su abanico.

El abuelo regaba la calle para refrescar la tierra de las calles por si uno u otro auto levantaba polvareda, lo que luego sería el lugar del encuentro con otros vecinos. En las noches de verano, grandes y chicos tenían ese momento que quedaría grabado. Los más chicos jugábamos a las escondidas, contábamos anécdotas y cazábamos bichitos de luz que colocábamos en un frasco pensando que nos alumbrarían la noche. Porque las lamparitas amarillas, que poca luz daban, sólo podían alumbrar un sector de la calle. Mientras los chicos jugaban los grandes chismoseaban lo ocurrido en el día tomando mate o alguna que otra noche de calor insoportable el vaso de sangría que refrescaba. Mientras se encendía el espiral o el pan duro con trapo viejo a una distancia prudencial para no llenarnos de humo.

Así pasábamos las noches hasta una hora prudencial que nos despedíamos para luego levantarnos al día siguiente a comenzar la fajina. Pasaron los años y hoy no tenemos la misma seguridad. Porque como todos sabemos la sociedad cambio y hay algunas personas que son amigos de lo ajeno y nos hacen tener temor, pese a ello, los vecinos siguen eligiendo la vereda de nuestro barrio para matear y contar anécdotas pero es cierto que con mayor cuidado pero no con menos entusiasmo sino con los mismos sentimientos de encuentros. De amistad, de ganas de compartir y vivir la vida así; simple y sencilla, rodeada de la sinceridad y los lazos de vecinos que aún nos sigue uniendo.

paseo empalme

Sé el primero en comentar

Dejanos un comentario