«Otra forma» de evitar la delincuencia

Ante la indignación de hechos de violencia, robo y muertes muchas veces se nos nubla la razón.
Vivimos tensos mirando hacia todos lados para ver «de donde vendrá el ataque». Después de sufrir un robo «todas las caras nos parecen sospechosas», y a muchas veces llegamos 
a conclusiones poco felices como: ¡Vivimos en un barrio de delincuentes… me voy del barrio!
Muchos que se han mudado de Empalme al centro u otros barrios se han dado cuenta que allí también sufren el
mismo flagelo de la inseguridad que hay en todo Rosario.
El razonamiento automático (y hasta simplista) de los argentinos es:
MAS POLICÍA EN LA CALLE.
Pero que tal si invertimos la cuestión y decimos: MENOS DELICUENTES EN LA CALLE.
¿De qué vale tener un policía por cada ciudadano si cuando se distancia a diez metros tuyo sufrís el ataque de la delincuencia?

 ¿Que es mejor una ciudad poblada de policías o una sociedad
con gente honesta y menos delincuencia?  Otra solución que se busca es jueces de mano dura, ampliar las cárceles, y meter allí a todos los que no queremos de esta sociedad. También preguntamos ¿Es esa la solución para mejorar nuestra sociedad? Si bien la mejora del servicio policial, judicial y penitenciario es una tarea y políticas de estado, hay algo que tenemos que recordar como sociedad: EL DELINCUENTE NO NACE, SE HACE.

¿Cómo se forja la delincuencia?
Cuando un niño en su más tierna infancia es víctima de abuso, golpes, violencia familiar, se va formando una idea de la vida, y de la muerte más que nada. Cuando ve a papá alcoholizado golpear a máma, cuando ve a su hermano mayor drogarse en su misma casa, cuando tiene que ir a la escuela con un terrible dolor «pancita» que cruje de hambre, cuando
ve que la comida que hay «no alcanza para todos los hermanitos», y que la enseñanza que debiera recibir de los padres es suplantada por una música aturdidora de la noche a la mañana ¿Qué concepto de la vida se forma?
¿No dirá acaso, que la vida no tiene sentido y no vale nada? Al odiar su propia existencia, odia a los demás, y un día agarrará un arma y no tendrá miramientos en dispararle a alguien a quemarropas por unas zapatillas o un celular, ya que él aprendió desde chiquito «que la vida no vale nada».

Muchas veces quisiéramos negar esta realidad, y llegamos a la conclusión de que nosotros no somos culpables de la misma, 
pero lamentablemente somos parte de la misma sociedad y a veces no es tanto lo que hacemos sino «lo que dejamos de hacer por los demás». Nos encerramos en nuestra inseguridad y nos volvemos egoístas.

Cuando cerramos la mano para dar ayuda al mismo ciudadano que vive en Empalme, en su escacés y problemas ¿a qué contribuimos? Si la vida nos permitió estudiar, recibir valores, tener un hogar, no debería ser la pregunta ¿cómo puedo ayudar a que otros lo tengan?

Vecinos de empalme, la vida vale, es un regalo de Dios. Muchos han llegado a la conclusión que no vale y en su desesperanza recurren al robo, la violencia y la muerte. Duele ver como en el noticiero de las ocho de la noche, se nombra a nuestro barrio ya sea por robo, violencia familia, asesinato, o por accidentes de tránsito (que hubieran haberse podido evitar).

¿Qué podemos hacer por nuestro barrio? Hay mucho en lo individual, pero también en lo colectivo apoyando muchas iniciativas de la Vecinal Empalme, «que no es la encargada de la solución de todas las cosas» pero sí para construir ladrillo a ladrillo un barrio mejor cada día.



“No me preocupa tanto la gente mala,
sino el espantoso silencio de la gente buena”.
(Martin Luther King)

Webmaster Vecinal Empalme
paseo empalme

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