Pepe Pancho, el Libertador de América

Nos cuesta imaginar a nuestros próceres como el niño que fueron. San Martín, Belgrano, Guemes fueron bebés, niños, adolescentes, sucios, mocosos, enfermos, asustados, llorones, inseguros, enamorados, mezquinos, como cualquiera de nosotros. La vida, su época, la circunstancia que les tocó vivir y una llama especial que traían desde el vientre de su madre, los transformaron en los padres de nuestra patria. Hoy, quiero imaginar a José Francisco niño. Sabemos que nació el 25 de febrero, a orillas del hermoso Río Uruguay, en plena selva misionera, pero… de que año?

La República Argentina acepta oficialmente a 1778 como el año del nacimiento del Padre de la Patria, pero, en realidad, su nacimiento podría haberse dado entre los años 1777 y 1781, y existen datos contradictorios que podrían afirmar a cualquiera de esos años como el de su nacimiento. El problema nace desde el momento en que su acta de bautismo fuera perdida en un incendio de la capilla de Yapeyú, haciendo imposible su corroboración. Luego, existen muchos datos y cartas que son contradictorios entre sí, como su foja de servicios en el ejército español, su ingreso al Colegio de las Temporalidades, o las actas de casamiento o defunción. Además, el mismo San Martín aporta confusión al tema, ya que varias cartas en las que da su edad, no son coincidentes entre sí. Al parecer, Don José era medio coqueto y gustaba sacarse unos añitos. Inclusive, cuando se casa con Remedios, de 14 años, al parecer declara menos edad, ya que era un hombre mayor para la época (34 años) y la familia de su esposa no estaba muy convencida de ese matrimonio.

El tema del año de su nacimiento no es menor, ya que la teoría de los historiadores que afirman que San Martín, en realidad era hijo de la india guaraní Rosa Guarú y el militar español Diego de Alvear, se basa en el momento en que éste hombre estaba realizando trabajos de cartografía del río Uruguay para la corona, mientras que los detractores de esta idea, afirman que en el año del nacimiento de José Francisco, Diego de Alvear ya no estaba en el lugar. Y en éste momento me quiero detener. Una mujer gorda, que tuvo que pasar todo el verano en una zona muy calurosa, con su panza a punto de explotar… para parir un 25 de febrero. No importa si era una española rubia o una india guaraní, lo importante es que parió a Pepe Pancho, ese bebé grandote, de pelo negro medio chuzo, que andaba comiendo tierra colorada y jugando con los perros de la casa. Que mamaba de la teta de Rosa, su niñera, y le gustaba estar en brazos de su hermana María Elena y pelear con sus otros tres hermanos, todos seguiditos en edad. Pepe Pancho, o Josecito, o el cunumí. Lo imagino sucio de tierra, con sus rodillas peladas y chorreando mocos, tirándo del vestido de Rosa para que se sentara y le diera la teta. Lo imagino cabalgando al galgo de don Juan, su padre, y perdiéndose en la selva con sus hermanos. Yendo a la costa del río a buscar piedritas y jugar con la arena, como cualquier niño.

Pepe se fue de ese lugar tres años después, y la ciudad ya no le pareció tan linda. Buenos Aires no era lo mismo, y lo imagino medio tristón, igual que su familia. Otros tres años vivió en la ciudad, hasta que se embarcó rumbo a España. Pepe crecerá como un niño español, con su educación, su cultura y su acento castizo, pero nunca se olvidará de la selva misionera, ni de su patria americana. Pepe Pancho, el Libertador de América, el Padre de la Patria argentina, empezó a ser inmortal el 27 de agosto de 1850, a los… no importa. Para vos, cunumí Pepe, ¡Feliz día del niño!. Ojalá fuera cierto que los buenos se reencarnan y vuelven. ¡Te necesitamos!

Ariel Pérez – Escritor de nuestra historia

 

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